¨Hace unos años una ardilla podía cruzar España saltando de arbol en arbol¨, todos lo hemos escuchado alguna vez,no? Me imagino a esa ardilla asustada buscando el siguiente árbol donde saltar, su habitat son las ramas de los árboles y ahora sólo hay carreteras, civilización y ni rastro de naturaleza. Posiblemente, la ardilla, que no está preparada para vivir en la ciudad, termine haciendo su vida en torno al último árbol que haya encontrado.
Muchos de nosotros nos sentimos igual de desesperados, confundidos, e incluso incrédulos ante la posibilidad de que no haya más árboles o que, posiblemente, estén demasiado lejos para saltar sin riesgo de caídas. Igual que la deforestación ha supuesto un cambio de paradigma ambiental, la crisis parece cada vez más un cambio de estructura para el que, desgraciadamente, no estamos mentalizados.
¿Para qué estamos mentalizados? Precisamente para ir saltando de árbol en árbol. Preparados para dar pequeños saltos sin riesgos de caída hasta llegar a la otra punta de la vida. Hasta ahora, la satisfacción radicaba en el esfuerzo de superar las dificultades del camino pero no de haber sabido elegir. Ahora que parece que ya no hay más ramas cercanas a las que saltar, afrontemos que el paradigma laboral ha cambiado para siempre y que habrá que tomar decisiones arriesgadas, y posiblemente, el miedo e inseguridad será la tónica general en mayor medida que el esfuerzo y la obcecación. Emprender tu propio camino cuando no hay ruta marcada es un camino lógico pero difícil de afrontar.










